martes, 15 de septiembre de 2015

Sálvate solo

ESCRIBE: BETO ORTIZ
-Yo estudié contigo, ¿te acuerdas de mí?- fue lo que le dije, con bravía emoción de fan enamorado, a la actriz Sofía Rocha el día en que la conocí. Si algo recuerdo de ese día es que aprendí que jamás hay que preguntarle a nadie “¿te acuerdas de mí?” porque lo más probable es que te respondan lo mismo que Sofía Rocha me respondió:
-No.
-Pero…estudiamos en el mismo colegio.
-¿Si? Qué raro. ¿De qué promoción eres?
-De la diecinueve, la misma promoción que tú.
-Pucha, sorry, yo…
-No te preocupes. Lo extraño hubiera sido que te acordaras. 
-Te juro que nunca te vi. ¿Con quiénes parabas?
-Con nadie. Yo, en el colegio, no existía.
Así son pues, las vidas torturadas de los poetas precoces. Ustedes saben: marginales, retraídos, antisociales, ligeramente emos desde mucho antes de que los emos existieran. 
Pero así como las sufridas minorías –los gordos, los cholos y las feas de la clase–  nos arrastrábamos entre las sombras rumiando el rencor inherente a los excluidos del sistema, existían también, por supuesto, los papirriquis y las ricas y apretaditas, los agarrados y las potoncitas, las atléticas, bronceadas, rutilantes luminarias de la farándula escolar. Y el máximo divo de aquella fauna, créanme, era el alumno Salvador Heresi.
Salvador Heresi y yo estudiamos bajo la misma disciplina castrense y castrante del mismo colegio clasemediero y parroquial de Jesus Mary. No exagero si les cuento que Heresi era el alumno más popular, la vedette más cotizada, el supremo figuretti del plantel. 
El típico chico maravilla que levanta la mano primero, el chuchan boy que siempre la lleva, el afanoso que siempre está ahí donde revienta el cohete. Salvador era, entre otras cosas, el brigadier general que marchaba adelante llevando la antorcha o el gallardete, el cantautor, el guitarrista y el animador dicharachero de todas las actuaciones, el galancete de barrio al que las hembrichis de cuarto invitaban todos los años a su pre-prom, el rezador oficial al que sacaban de la formación para dirigir el Dios, te salve, reina y madre de misericordia, el que llevaba más chiffones de naranja a la kermesse pro fondos de las misiones, el que vendía más talonarios de rifas de “Fe y Alegría” y también el imitador que –escabulléndose hasta el altavoz del regente del plantel– hacía escarnio del acento canadiense de los severos curitas que nos oprimían solo para que el pobre portero, don Alberto, viniera corriendo a la dirección por las puras alverjas. 
Hay algo irremediablemente pavo en los reencuentros de exalumnos y siempre me cuido de no ir para no tener que constatar lo destruidos que deben estar mis compañeritos. 
Mas cuando el reformatorio en cuestión cumplió sus bodas de oro sucumbí a la curiosidad. Total, la vida no me había tratado tan mal después de todo. Cuál no sería mi sorpresa cuando, en el momento de hacer mi ingreso al patio principal, escuché a la eufórica monja que animaba el evento exclamar: ¡Un fuerte aplauso para el sanantoniano más célebre y más ilustre de todos! Y cuando ya las lágrimas estaban a punto de nublarme la vista, Salvador Heresi se subió de un solo brinco al tabladillo y se puso a cantar Hey, Jude

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Un día como hoy, de 1971, John Lenon publicó su álbum más conocido y exitoso: "Imagine"



Autor: John Lennon
Productor: Phil Spector, Yoko Ono
Publicado: Octubre, 1971, Apple

John Lennon compuso ‘Imagine, su mayor regalo musical al mundo, una mañana de principios de 1971 en su habitación de Ascot, la propiedad que tenía en Tittenhurst, Inglaterra. Su mujer, Yoko Ono, le observó sentarse ante el gran piano blanco que tenían en casa (ahora famoso gracias a las películas y las fotografías de las sesiones de grabación del álbum Imagine) y terminar la canción: la serena melodía; esa irresistible figura de cuatro notas; y prácticamente la letra completa, veintidós versos que, en términos sencillos y de enorme belleza, hablan de la fe en la posibilidad de que un mundo unido por la imaginación y por un objetivo pueda cambiarse a sí mismo.
“No es que pensara: ‘Esto puede ser un himno”, dijo Ono recordando esa mañana años más tarde. “Imagine era lo que John creía, que todos somos un país, un mundo, una misma persona. Quería transmitir esa idea”.
La idea no era sólo suya: el arte de Ono también celebraba el poder de los sueños. El primer verso de Imagine (“Imagine There’s No Heaven” [Imagina que no hay cielo]) desciente directamente de un libro de Ono de 1964, Grapefruit (en el que decía “imagina un pez de colores nadando por el cielo”). Pero Lennon, como buen ex Beatle, era un experto en las imágines populares. Una vez admitió que Imagine era, prácticamente, El manifiesto comunista. Pero la belleza elemental de esta melodía, la calidez de su voz y el toque poético del coproductor Phil Spector enfatizaron la profunda humanidad de la canción.
Lennon sabía que había escrito algo especial. En una de sus últimas entrevistas declaró que Imagine era tan buena como cualquier canción que hubiera escrito con los Beatles. Nosotros sabemos que es aún mejor: un himno imperecedero que nos ha ayudado a superar momentos de gran dolor, desde el asesinato del propio Lennon en 1980 hasta el horror inombrable del 11-s. Es imposible imaginar un mundo sin Imagine. Y la necesitamos más de lo que nunca soñamos.